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El Sutra del Corazón - Parte 2 - Los cinco agregados

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El Sutra del Corazón, conocido también como el Prajñāpāramitā-hṛdaya, es uno de los textos más importantes dentro de la tradición Mahayana.

El tiempo no ha disminuido su relevancia.

Este Sutra ha sido transmitido en varias versiones, desde algunas más breves, concisas, hasta otras sumamente detalladas.

Se convirtió en un pilar muy importante, tanto en la práctica como en el estudio, dentro de las diferentes escuelas de esta corriente budista.

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El Sutra del Corazón, conocido también
como el Prajñāpāramitā-hṛdaya,

es uno de los textos más importantes
dentro de la tradición Mahayana.

El tiempo no ha disminuido su relevancia.

Este Sutra ha sido transmitido
en varias versiones,

desde algunas más breves, concisas, hasta
otras sumamente detalladas.

Se convirtió en un pilar muy importante, tanto
en la práctica como en el estudio,

dentro de las diferentes escuelas
de esta corriente budista.

Su capacidad de adaptarse lo ha hecho fundamental 

en la vida espiritual
de comunidades Mahayanas

alrededor del mundo, como en Japón,
Vietnam, Corea, India y el Tibet.

La versión de este texto, que viene de
la tradición tibetana, es breve,

pero a la vez muy precisa y exacta,
sumamente rigurosa.

Capta la esencia del mensaje
sin perder

la profundidad ni el carácter universal
que lo caracteriza.

A lo largo de los siglos, este
Sutra no se ha limitado a ser 

un recurso litúrgico más bien
ha servido como una guía,

como orientación para explorar las dimensiones
más profundas de nuestra experiencia

y para ayudarnos a acceder a la
raíz misma de la realidad.

El Sutra del corazón trasciende del ámbito
religioso y teológico,

su mensaje presenta una sabiduría universal,
plantea cuestiones esenciales

sobre cómo percibimos el mundo,
quiénes somos realmente

y cuál es el sentido
último de la existencia.

Contiene prácticas vivas que nos invitan
a experimentar de forma directa,

como todo en el universo está interconectado
y como en el fondo,

todo carece de una esencia fija.

Por eso este texto es mucho más que una
obra de carácter religioso.

Es una luz que guía a quienes quieren mirar
hacia las profundidades de su interior.

El mensaje de la vacuidad que transmite,
no significa que todo sea inexistente,

como muchos creen, sino que nos abre
a una comprensión más amplia,

esa claridad y universalidad hacen que

siga siendo una herramienta
sumamente valiosa

para quien busque trascender las barreras
de la visión cotidiana

y acceder a una comprensión más
plena de la existencia.

Ahora vamos a leer el texto.

Así escuché en una ocasión,

una vez el bienaventurado se hallaba
morando en Rajagriha,

la montaña Pico de los Buitres, junto con una gran asamblea de la sangha de monjes

y una gran asamblea de la sangha de bodhisattvas.

Entonces el Bienaventurado entró en el samadhi que expresa el dharma llamado “profunda luminosidad”

y en ese mismo momento,

el noble Avalokiteshvara, el bodhisattva mahasattva,

al practicar la profunda
prajñaparamita, vio de esta manera:

Vio que los cinco skandhas 
son vacíos por naturaleza.

Luego por el poder del Buda,

Shariputra le dijo al noble Avalokiteshvara,

el bodhisattva mahasattva:

—”¿Cómo debe entrenarse un hijo de noble familia 
que desee practicar la profunda prajñaparamita?”

Tras estas palabras el noble Avalokiteshvara
le dijo al venerable Shariputra,

O Shariputra, un hijo de
noble familia que

desee practicar la profunda
prajñaparamita

debe ver de este modo:

“Ver que los cinco skandhas son vacíos por naturaleza.

La forma es vacuidad
y la vacuidad

también es forma. La vacuidad
no es otra que la forma.

La forma no es otra
que la vacuidad.

De la misma manera las sensaciones,

las percepciones, las formaciones y la
conciencia son vacuidad.

Así pues, Shariputra, todos
los dharmas son vacuidad.

No hay características,
no hay nacimiento ni cese.

No existen ni la impureza ni la
pureza, no hay disminución ni aumento.

Por tanto, Shariputra, en
la vacuidad no hay forma, ni sensaciones

ni percepciones,
ni formaciones,

ni conciencia. No hay vista,
ni oído, ni olfato,

ni gusto, ni tacto, ni mente.
No hay apariencias,

ni sonido, ni olor, ni sabor,
ni tacto, ni darmas.

No hay dato de la
vista, ni de ningún

otro sentido y tampoco de
la mente.

Ni dato de la conciencia mental.
No hay ignorancia,

ni fin de la ignorancia,
ni tampoco vejez y muerte. 

Ni fin de la vejez
y de la muerte.

No hay sufrimiento, ni origen
del sufrimiento,

ni cese del sufrimiento, ni
camino, ni sabiduría,

ni logros, ni no logros.

Por tanto, Shariputra, como los bodhisattvas
no tienen logros,

se mantienen por medio de la prajñaparamita.

Como no hay oscurecimientos de la mente, no hay temor.

Trascienden la falsedad y alcanzan el nirvana final. 

Todos los budas de los tres tiempos,

por medio de la prajñaparamita,

despiertan completamente a la
insuperable y verdadera iluminación definitiva.

Por tanto, el gran mantra de la prajñaparamita 
mantra del conocimiento trascendental,

el mantra insuperable,
el mantra inigualado,

el mantra que alivia
todo sufrimiento,

debe conocerse como la verdad,
ya que no hay engaño.

El mantra de la prajnaparamita dice así,

tadyata om gate gate 
paragate parasamgate bodhi soha

más allá, más allá, ido más allá; 
desvelado por completo, despierto, que así sea.

Shariputra es así como el bodhisattva mahasattva
debe entrenarse

en la profunda prajñaparamita.

Entonces, el bienaventurado salió de ese
samadhi 

y alabó al noble Avalokiteshvara, 
el bodhisattva mahasattva 

diciendo, bien, bien,
oh hijo de noble familia, así es. 

Oh hijo de noble familia, así es.

Uno debe practicar la profunda
prajnaparamita

tal como tú has enseñado, y
todos los tathagatas se regocijarán. 

Al decir esto,
el bienaventurado,

el venerable Shariputra y el noble Avalokiteshvara,  
el bodhisattva mahasattva,

toda aquella asamblea y el mundo con sus dioses,
humanos, asuras y gandharvas

se regocijaron
y alabaron la palabra del bienaventurado.

Así concluye el sutra del corazón 
del conocimiento trascendental."

Prajñāpāramitā Hṛdaya, significa en sánscrito 

el corazón o la esencia
de la perfección de la sabiduría. 

El sutra del corazón es,

como lo dice su nombre, el núcleo
de la sabiduría

que traciende los conceptos e ideas,

facilitando el acceso a la realidad.

Aunque la realidad absoluta 
está más allá de toda noción

toda idea, conceptualización,
etc. 

es necesario comenzar a través de las ideas

para solo posteriormente trascenderlas. 
Es decir,

no es posible empezar directamente 
desde el nivel de la Prajñāpāramitā,

es necesario elevarnos un escalón tras otro.

Se describe en el texto a Buda sumido en Samadhi

guardando silencio a través de todo el Sutra 
pronunciado por Avalokiteshvara.

Solo al final dice tres veces… “Excelente”.

Avalokiteshvara era 
un bodhisattva mahasattva, es decir, 

era uno de los más elevados 
dentro de los bodhisattvas,

justo antes del nivel del Buda.

Por su parte en Shariputra, uno de los principales 
discípulos del Buda, surgió una pregunta,

la cual da lugar prácticamente a todo el Sutra:

“¿Cómo debe entrenarse un hijo de noble familia 
que desee practicar la profunda prajñaparamita?”

La expresión "hijo de familia noble" 
no señala un linaje biológico 

sino el vínculo entre maestro y discípulo.

Según la tradición, en India, todo discípulo 
es considerado un hijo espiritual de su maestro.

Los discípulos del Buda son vistos como
miembros de la familia noble del Buda,

ya que su auténtica naturaleza
es real o búdica.

Por ejemplo, Sri Gauranga es reconocido
como Krishna mismo dentro del Gaudiya Vaishnavismo.

Significa esto que ¿Sólo él es Dios?

Jesús es el hijo de Dios.

Implica eso que ¿Sólo él es
el hijo de Dios?

No, todos somos Dios o hijos de Dios porque
somos expresiones del ser divino.

La diferencia radica en el
nivel de conciencia.

El señor Chaitanya Mahaprabhu
y Adon Yeshua son

plenamente conscientes de su
naturaleza divina.

De manera similar nuestra auténtica
naturaleza es búdica.

Al igual que todos los discípulos
del Buda.

La diferencia es que seres como 
Avalokiteshvara y Shariputra

son plenamente conscientes de dicha
realidad, totalmente conscientes.

En este contexto,

la pregunta que plantea Shariputra es:

¿Cómo debe ser adiestrado todo hijo
o hija de la familia noble,

en la práctica de la sabiduría
trascendental?

Adentrarse en la esencia misma de la Prajñāpāramitā

requiere un proceso gradual.

Primero debemos entender
la impermanencia.

Esto se conoce como pratītyasamutpāda

“originación dependiente” o “interdependencia”.

Todas las cosas están compuestas
por diferentes elementos.

Todo lo compuesto es de naturaleza
impermanente.

Porque depende de causas y condiciones.

Lo que cambia, lo que muta, no puede
ser plenamente real.

Solo lo que no depende ni se descompone
puede llamarse real.

Comprender la interdependencia nos prepara
para reconocer la vacuidad.

Nuestra vida transcurre en lo que parece
ser una realidad material.

¿No?

Compuesta de objetos tangibles.

Empíricamente percibimos el mundo,

como un conjunto de innumerables
objetos sólidos, concretos.

Y por lo tanto aparentemente reales.

Al mirar a nuestro alrededor observamos
mesas, sillas, libros y suponemos

que existen de manera independiente.

Sin embargo esos objetos existen debido
a causas y condiciones

que se combinan para darles forma.

Existen porque una serie
de eventos o causas

se han combinado para hacerlos posible.

Por ejemplo, yo estoy aquí porque mis
padres se conocieron y se casaron.

A su vez ellos estuvieron allí
porque en un pasado

sus propios padres también se conocieron
y formaron una familia.

De manera similar este sillón por ejemplo
está aquí porque en su momento

Krishna Devi decidió diseñarlo y armarlo.

Unió una serie de materiales hasta
que finalmente tomó forma.

La interdependencia implica que
cada cosa depende de otra

y a su vez estas están vinculadas
entre sí.

Un resultado sólo puede manifestarse

cuando todas las causas y condiciones
necesarias están presentes.

Por lo tanto

queda claro que los objetos no existen
por sí mismos sino que dependen

de otros factores o causas.

Entonces se podría suponer que las causas
previas deben ser reales.

Sin embargo tampoco es así

porque estas también dependen 
de otras causas que las precedieron.

Lo que ha llegado a existir es
el resultado

de causas pasadas y es a su vez la causa
de resultados futuros.

Esto nos lleva a reconocer una red compleja
e intrincada de interrelaciones.

Absolutamente todo lo que existe
depende de todo lo demás.

Esto implica 

que nada posee existencia
independiente o intrínseca.

¿Me entienden?

La comprensión de shunyata o vacuidad 
se sustenta sobre esta verdad fundamental.

Esta es la base.

La vacuidad implica

que las cosas están
desprovistas de una naturaleza propia

ya que cambian constantemente.

Son impermanentes y dependen de múltiples
factores para existir.

En otras palabras

todo lo que aparenta existir

está vacío de esencia o de una
naturaleza intrínseca.

Este es el núcleo de la enseñanza.

Lo que percibimos como real no posee
una existencia independiente.

Es el resultado de una compleja
red de interdependencias.

Según la sabiduría budista

los objetos pueden manifestarse

precisamente debido a que no tienen una existencia
intrínseca.

Si los objetos no dependieran de nada

serían completamente reales

y por lo tanto inmutables

entonces no podrían producir cambios
o causar otros fenómenos

ya que para hacerlo ellos mismos
deberían cambiar.

Pero lo que verdaderamente existe

si es que algo existe en
un sentido absoluto

no podría cambiar.

Lo verdaderamente real en ese sentido

sería estático, eterno y sin
capacidad de actuar.

Por lo tanto todo es vacuidad

y es precisamente esta vacuidad

lo que permite que las cosas
se manifiesten.

Reflexionemos detenidamente
por un momento

porque esto es muy interesante.

En un mundo intrínsecamente real

los seres humanos no cambiarían jamás.

Ni siquiera podríamos movernos

porque todo movimiento implica cambio

y aquello que es absolutamente real

no podría ser transformado por nada.

Así el mundo sería un escenario rígido

sin interdependencias ni
transformaciones.

Podemos afirmar que hay vacuidad

porque existe el cambio

y hay cambio

porque las cosas están vacías de
una esencia intrínseca.

En un relato tradicional budista

se cuenta que en cierto momento

Buda y sus discípulos estaban con
sus cuencos de mendicantes

utilizados para pedir comida.

En esa ocasión

Buda tomó su cuenco

y preguntó a los presentes

¿Este cuenco de mendicante que tengo
en mis manos? ¿Está vacío?

Los discípulos respondieron: Sí,
maestro. Está vacío.

Entonces Buda los corrigió.

No está vacío.

No está vacío.

Este cuenco está lleno

pero lleno de la presencia
de muchísimas cosas

y prosiguió.

En este cuenco están las
manos del alfarero,

su conciencia, los padres y
abuelos del alfarero,

el torno que utilizó, la madera con
la que se hizo el torno,

los árboles de donde provino esa madera,

la lluvia que nutrió esos árboles,

el sol, el fuego que coció el barro,

el aire que permitió que
el fuego ardiera,

el agua y el fango que dieron
forma a este cuenco.

Así que este cuenco no está vacío.

Está lleno de todas esas cosas.

Sin embargo, añadió,

si devolvemos al alfarero a su madre,

la arcilla a la montaña, el agua al río,

el fuego a su lugar y el aire al cielo,

¿queda el cuenco?

Los discípulos respondieron,

no maestro, no hay cuenco.

Entonces Buda concluyó.

Por eso decimos que este cuenco

está vacío de existencia propia.

Buda enseñó que el cuenco
no puede existir

de manera independiente.

La presencia de una cosa implica la
presencia de todas las demás.

De igual forma, en la presencia de
todo se encuentra reflejada

la de una sola cosa.

Cuando observo el cuenco,

pecho estoy viendo al alfarero,

los árboles de los que provino la madera,

la lluvia que nutrió esos árboles,

el torno que vio forma al barro, el sol,

el fuego que coció el material,

el aire que abigó las llamas,

el agua y el fango que lo moldearon
de la misma manera.

Cuando observo el alfarero,

veo el cuenco.

Todo está interconectado, revelando que

nada existe por sí mismo.

Buda dijo que el significado de
la vacuidad o shunyata

se resume de la siguiente manera:

"Esto es porque aquello es.

Si aquello no fuera, esto no sería."

Buda explicó: "Este cuenco está vacío,

pero contiene todo el universo."

Sin embargo, añadió algo crucial,

"Hay una cosa que este cuenco no contiene.

Sólo hay una cosa que no está en él.

Este cuenco está vacío de un cuenco."

Es decir, está vacío de cuenco como
entidad independiente.

Su existencia depende de todo lo demás.

No hay absolutamente nada que
posea una existencia

intrínseca o autónoma.

El sutra describe un escenario donde
cuando el Buda se encuentra

absorto en Samadhi mientras que
Avalokiteshvara meditada

en la Prajñāpāramitā, viendo que
los cinco agregados,

o kandas, son por naturaleza vacíos.

El término khandhā en pali 
o skandhāḥ en sánscrito

significa agregados.

Se refiere a la unión de
diversos elementos.

Buda enseñó que el ser humano
está compuesto por cinco elementos,

que estos son intrínsecamente vacíos.

El fenómeno egoico es el resultado
de la combinación

de estos cinco elementos.

El yo no es más que esa conjunción
funcionando en conjunto.

Sin embargo, este yo está vacío,
ya que carece de 

algo sustanciado o intrínseco que
lo sostenga de manera independiente.

La percepción de la dualidad surge
a partir del fenómeno egoico.

Al definirnos como yo, aparece de
inmediato la idea de un no-yo separado y distinto.

Es decir, cuando nos identificamos
con la mismidad,

creamos la otredad.

Esta separación o fragmentación ilusoria

es la base de nuestra experiencia dualista del mundo.

Buda enseñó que lo que percibimos
como yo es en realidad

la suma de varios elementos que
pueden agruparse

en cinco categorías o agregados.

Los cinco skandhas o agregados de
la existencia humana son

la forma, rūpa, que incluye nuestro
cuerpo físico,

las sensaciones vedanā, nuestras
experiencias de placer, dolor o neutralidad, 

las percepciones
saṃjñā

que nos permiten reconocer y categorizar
lo que experimentamos,

las voliciones saṃskāra, nuestras
intenciones y emociones,

y la conciencia vijñāna, el flujo
continuo de nuestra mente,

el flujo mental.

Durante su meditación, 

Avalokiteshvara, percibió claramente que estos
cinco agregados son

vacíos por naturaleza.

Es decir, carecen de una esencia
propia o independiente.

Siendo el bodhisattva de la compasión,

nos enseña que al reconocer que estos
cinco agregados están vacíos

podemos trascender
el sufrimiento.

El primer skandha que nos lleva a
identificarnos con un yo

es el cuerpo o la forma física, rūpa.

Este constituye la base de nuestra
percepción de identidad,

pero al igual que los demás agregados,
está vacío de existencia intrínseca.

Pero no sólo dijo que la forma es
vacuidad

sino que también que la vacuidad es forma.

El Prajñāpāramitā revela que todo
está en constante cambio.

Por esta razón, nada ni nadie puede
ser controlado completamente.

Sufrimos porque intentamos ejercer
un dominio

que en última instancia es inalcanzable, incluso
sobre nuestra propia vida.

El sufrimiento surge de la falsa
creencia en una estabilidad duradera.

Formamos una familia, compramos
una casa y un automóvil,

dedicamos grandes esfuerzos para
mantener esa estructura.

Sin embargo, en cualquier momento,
por diversas razones,

todo puede desmoronarse.

Es imposible estabilizar lo que por
naturaleza está sujeto al cambio.

Al comprender esta verdad, empezamos
a soltar el control 

y a aceptar que la realidad es efímera
e interdependiente.

Buda también nos muestra que la
vida tal como la conocemos

está vacía.

Sin embargo, esta misma vida
también está llena,

aunque ahora no podamos captarla.

La plenitud resulta inconcebible
desde una perspectiva egoica 

porque, vista desde el
ego, sólo parece vacío.

Si nos aproximamos a estos sutras
desde la lógica

y el razonamiento frío, corremos el riesgo
de destruir el espíritu.

La mente puede convertirse en un
obstáculo al sumergirnos en

su verdadero significado.

Para comprenderlos en profundidad,

debemos abordarlos con amor y compasión.

La enseñanza del sutra del corazón
nos invita 

a una reflexión profunda sobre la naturaleza
de la realidad.

Nos desafía a trascender lo aparente
para descubrir lo esencial.

Al escuchar estas palabras, permitamos
que resúenen en lo

más íntimo de nuestro ser.

Observemos que los cinco agregados
no nos definen

porque son meros espejismos
vacíos por naturaleza.

Sólo, al aceptar que nada posee
una existencia intrénsica,

podemos ver el universo como realmente
es, interconectado,

dinámico y pleno.

Esta vacuidad no implica ausencia,

sino posibilidad infinita.

Avalokiteshvara en su meditación
percibió la vacuidad

de los agregados

pero también su unidad con
todo lo existente.

Esta percepción es el inicio de
un camino que libera del sufrimiento 

y despierta la compasión
hacia todos los seres.

Cuando descubrimos que el yo
no es independiente,

ni aislado, se disuelven las
barreras de la dualidad.

Entonces, emerge la sabiduría que
une y el amor que no conoce fronteras.

La vacuidad no debe llenarnos de
temor sino de asombro.

El Thaumazo de los griegos antiguos
es la apertura a un mundo

donde todo puede surgir y cambiar,

donde nada está fijo ni limitado
en las palabras del Buda.

"Esto es porque aquello es."

Si aquello no fuera, esto no sería.

Después de atender esta breve charla,

cuando regresemos a nuestras
vidas cotidianas,

llevemos con nosotros la semilla
de esta enseñanza.

Miremos el mundo con ojos
nuevos, frescos,

reconociendo la danza de causas
y condiciones que hacen

posible cada cosa.

Y recordemos, como lo hizo
Avalokiteshvara,

que al percibir el vacío, no encontramos
la nada sino la plenitud.

Que estas palabras despierten
en ustedes

una chispa de comprensión, un deseo de explorar
más allá de las apariencias.

Hasta nuestra próxima charla reflexionemos
sobre la vacuidad

que nos conecta y la sabiduría
que nos transforma.