Prabhuji en Español

Husserl y el Horizonte Infinito

Prabhuji

Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.

0:00 | 21:33

A veces las ideas no llegan de golpe, no hacen ruido ni entran con fuerza, más bien se asoman con calma por los bordes, casi sin avisar, y muchas veces lo más importante es que no viene en forma de grandes conceptos, no se impone, llega en silencio y se queda ahí esperando, como si necesitara que dejemos de pensar tanto para poder mostrarse con claridad, por eso propongo otra manera de pensar, una que no empuja, que no obliga, es un tipo de pensamiento que acompaña, que no habla por hablar ni inventa porque sí, solo se mantiene cerca de eso que todavía no ha sido dicho del todo....

web: https://prabhuji.net

Youtube: https://www.youtube.com/@Prabhuji108

facebook: https://www.facebook.com/Prabhuji.Escritor/

A veces las ideas no llegan de golpe,

no hacen ruido ni entran con fuerza,

más bien se asoman con calma por los bordes,

casi sin avisar, y muchas veces

lo más importante es que no viene 
en forma de grandes conceptos,

no se impone, llega en silencio 
y se queda ahí esperando,

como si necesitara que dejemos de pensar tanto

 para poder mostrarse con claridad,

 por eso propongo otra manera de pensar, 

una que no empuja, que no obliga,

es un tipo de pensamiento que acompaña,

que no habla por hablar ni inventa porque sí, 

solo se mantiene cerca de eso 
que todavía no ha sido dicho del todo, 

es como caminar despacio

al lado de algo que se escapa, 

que no se deja atrapar, agarrar fácilmente, 

y cuando estamos disponibles 
el pensamiento se convierte 

en una forma de esperar con atención,

de abrir espacio para que aparezca 
lo que todavía no tiene forma 

pero que ya se empieza a sentir,

y entonces en medio de ese silencio aparece

lo que no buscábamos y ni sabíamos que necesitábamos,

pero ahí está, no se ve con claridad, 

no se impone, pero de alguna manera nos sostiene,

no llega como una idea cerrada,

más bien se siente como una dirección, 

como si nos indicara por dónde seguir 
sin decirnos exactamente qué hacer,

es una forma de sentido que no pide respuestas,

solo quiere ser escuchada,

como una pregunta que sigue ahí, viva, 

que no se agota, desde ese lugar nace esta charla, 

no está pensada para explicar nada en concreto,

tampoco imparte una conclusión,

solo busca ofrecer una pausa,

un momento para frenar, un espacio para escuchar,

para sentir las ideas, no solo pensarlas, sentirlas,

porque a veces lo importante no está solo

en lo que las ideas dicen,

sino en cómo éstas nos acompañan mientras las pensamos,

todo lo que viene después parte desde ahí,

no desde una verdad ya sabida,

no desde la autoridad,

es un intento simplemente de caminar al lado de algo que 

todavía no tiene forma,

puede que algunas frases se detengan antes de cerrarse del todo

y no pasa nada, de hecho está bien que sea así,

porque lo que realmente nos transforma

no siempre es una conclusión definitiva, a veces

lo que permanece sin resolver es lo que más nos conmueve,

no vengo aquí con la intención de tener 
la última palabra, para nada,

solo quiero acompañarlos mientras eso que todavía 
no se ha dicho del todo sigue hablando,

a su ritmo, en su tiempo, sin prisas.

Y desde ese lugar propongo que caminemos 
un rato con Edmund Husserl,

porque Husserl abrió una vía completamente nueva 
para pensar lo humano, 

una vía que consiste básicamente en pensar la experiencia

desde la propia experiencia.

En la historia de la filosofía del siglo XX, 

su figura es fundamental, 

fue él quien fundó la fenomenología como método filosófico,

pero atención, su famoso lema, volver a las cosas mismas, 

no era solo una indicación de trabajo,

no era un método frío, ni una regla más, 

era una actitud,

una forma de recordar algo muy sencillo que se suele olvidar,

que antes de cualquier teoría, antes de cualquier sistema 

existe la experiencia vivida, lo que sentimos,

lo que vemos, lo que nos ocurre, 

lo que nos pasa, lo que nos sucede,

esa experiencia inmediata, concreta,

ocurre antes de que empecemos a explicarla 
o a analizarla o pensarla 

y justo en el centro de esa experiencia 
de la que hablábamos antes

 hay algo que Husserl

no trató de manera explícita ni sistemática, 

pero que está presente en toda su obra, 

me refiero a la idea de Dios.

Para él, Dios no es una figura que

pueda describirse como un objeto común, 

no lo podemos observar ni demostrar como una hipótesis, 

Dios aparece como un horizonte, como ese fondo que da forma

sin hacerse del todo visible, perceptible,

estructura nuestras búsquedas 
y orienta nuestra conciencia hacia

los ideales de verdad, justicia, bondad, plenitud.

Son ideales que no llegamos a alcanzar del todo, 

eso es cierto, pero nunca dejamos de caminar hacia ellos 

y en ese movimiento 

algo se transforma en nosotros, nos guía, nos sostiene.

Esta manera de entender lo divino no nace con Husserl, 

ya estaba presente en otras tradiciones filosóficas.

Kierkegaard por ejemplo decía que la relación con lo eterno 

no surge desde la objetividad, 

no nace del análisis externo,

aparece en la interioridad,

justo ahí donde nos sentimos finitos, vulnerables.

También en Kierkegaard Dios 
no es un concepto que podamos definir, 

es más bien un llamado,

es aquello que nos interpela, 
que nos pone frente a una decisión

 y la respuesta a ese llamado no se basa en certezas, 

se basa en la fe, pero no en una fe ciega,

sino en una fe entendida como un acto,
 como un compromiso

con lo que no se puede verificar, con aquello 

que no se puede demostrar, pero que aún así 

sentimos que nos reclama una respuesta.

Husserl también plantea algo muy interesante, 

que lo divino no se capta directamente, 
más bien se presiente,

 y en vez de definirlo de forma cerrada, 

sugiere pensarlo como un ideal regulador, es decir, 

no como una imposición externa, 

sino como un brote desde 
la estructura misma de la consciencia.

Desde ahí su idea de intuición 

no es una cuestión emocional, ni se reduce 

a una experiencia subjetiva vaga.

Para Husserl, intuir significa captar una esencia.

Por ejemplo, cuando miramos una mesa, 

no sólo vemos un objeto con patas y superficie, 

reconocemos su condición de mesa,

eso precisamente es captar una esencia.

Pues bien, Husserl decía que 
la consciencia también puede 

orientarse hacia lo divino de ese modo,

no como una percepción sensorial, sino como el fondo 

que sostiene y organiza nuestra experiencia, 

y ese horizonte de sentido no es estático, 

se mueve, se amplía todo el tiempo, 
cada vivencia que tenemos 

está envuelta en un contexto que se desplaza, 

siempre hay un más allá que no se termina, 

y justo ahí 
aparece la idea de Dios, 

como aquello hacia lo que caminamos,

 aunque nunca jamás lo alcancemos del todo.

Más adelante, Levinas va a retomar esta idea

desde otro ángulo.

Él dirá que el infinito no se capta,

se aproxima, y no se aproxima en abstracto,

sino que se presenta en el rostro del otro, 

en ese llamado ético que nos interpela,

un llamado que no permite indiferencia, 

que nos exige una respuesta.

En Husserl, esta presencia que nunca llegamos 

a captar del todo, adopta una forma muy concreta.

La plenitud, o como él la llama el pléroma,

es una plenitud ideal 
que nunca se alcanza completamente, 

pero que está ahí empujando, 

es lo que impulsa nuestro pensar, nuestro actuar,

 toda esa búsqueda constante 
de sentido que nos atraviesa.

Y aunque esa meta, ese telos, 
como decían los griegos,

no se alcanza de forma definitiva,

sigue cumpliendo una función clave.

Nos orienta, nos da dirección, nos mueve, 

y esa orientación es un movimiento constante,

 un impulso que nunca se detiene.

Desde otro lugar,

Paul Ricoeur va a decir algo que
 conecta muy bien con esto.

Para él la fe es, sobre todo,

fidelidad a una promesa.

No una promesa que se cumple de inmediato,

pero transforma la manera en que vivimos ahora.

Y en ese sentido, se parece mucho 

al ideal regulador del que hablaba Husserl, porque 

también nos sostiene, también nos llama a ser 

más de lo que somos.

Aunque no sepamos del todo hacia dónde vamos,

algo en nosotros responde, y esa respuesta 

ya cambia nuestra manera de estar en el mundo.

Y llegamos aquí, al centro del asunto.

En este recorrido, Dios no aparece como una

conclusión a la que llegamos 
después de deducir varias cosas.

No es el resultado de un 
razonamiento lógico, es otra cosa.

Dios es lo que abre camino

y permite que sigamos buscando.

No es una figura rígida,

perfectamente definida por una doctrina.

Tampoco es una imagen cerrada,

es más bien un horizonte,

un fondo que da sentido 
a lo que hacemos, a lo que decimos,

a cómo decidimos vivir.

No se impone, pero está.

Y cuando se deja sentir, 
nos cambia por dentro.

Nos transforma por completo desde lo interior.

Husserl en esto 
no pretende cerrar el tema,

no lo resuelve ni ofrece 
respuestas firmes, porque para él 

la transformación real no viene de

las certezas ni de las afirmaciones sólidas.

Desde este enfoque, Dios no es una respuesta

que tranquiliza.

Es una promesa que se renueva

cada vez que volvemos a la conciencia,

cada vez que prestamos atención 
a lo que vivimos de verdad,

y es una promesa que se mantiene
 incluso sin garantías.

Aunque no podamos controlarle, Dios nos orienta.

Su presencia no es visible, pero sostiene y acompaña.

Husserl nos propone en el fondo sólo escuchar,

escuchar de verdad.

No cerrar la pregunta antes de tiempo,

porque mientras la pregunta siga viva,

permaneceremos despiertos.

La vida no está hecha para respuestas definitivas.

Cada paso que damos está siempre en tensión.

Entre lo que somos ahora

y lo que todavía podemos llegar a ser.

Y esa tensión no es un problema, al contrario,

 es lo que nos da forma.

Porque es justo ahí, en ese ir y venir 

entre lo que nos limita y lo que nos desborda,

donde empieza a dibujarse la libertad.

La verdad que nos transforma se deja intuir

desde dentro.

Aunque no se pueda explicar del todo,

se queda con nosotros 
como una presencia que sigue viva.

Lo divino no se impone por la fuerza.

Permanece ahí, vibrando, llamando.

No de forma ruidosa, pero sí constante, constante.

Y si miramos hacia atrás, cada frase

que dijimos en esta charla ha sido sólo

una forma de acompañar el misterio.

Cada idea, una manera de acercarnos,

aproximarnos sin apresurar nada.

Cada palabra, una invitación.

Una forma de decir, sigamos reflexionando.

Si bien no hemos llegado a una conclusión cerrada,

hemos caminado juntos lo suficiente como para

darnos cuenta de algo importante.

Que el camino sigue, 
que aún queda mucho por descubrir 

y que todavía hay preguntas

que vale la pena seguir escuchando.